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Por Danielle Duran Baron, Especialista en Comunicación, CHF Internacional
Hoy conocimos a Bill Clinton. Tiene tres años de edad, vive en Honduras y tiene Malaria. El no es el único; todos sus hermanos están recibiendo tratamiento para esta enfermedad tropical que ha llegado a niveles muy altos en Ahuás, un municipio de casi 6.000 en la región tropical de la Mosquitia en el oriente del país.
A pesar de la enfermedad, Bill Clinton es un niño activo que parece estar impresionado con nuestra cámara; él también es afortunado por haber recibido un diagnóstico y tratamiento oportuno, gracias a una asociación forjada entre el Gobierno, CHF Internacional y el Fondo Mundial para apoyar unidades de diagnóstico, la vigilancia epidemiológica, programas de educación, la distribución de medicamentos y de mosquiteros impregnados de insecticida a fin de evitar el contacto con el mosquito transmisor de la Malaria.
Trabajando conjuntamente con el Programa Nacional de Malaria de la Secretaría de Salud, CHF International – Honduras es el Receptor Principal del Fondo Mundial para la ejecución de una iniciativa de malaria, cuyos principales objetivos son implementar estrategias para la promoción, prevención y control de los factores de riesgo y proporcionar tratamiento oportuno y efectivo a todas las personas diagnosticadas con la malaria en 48 municipios del país durante el periodo 2009 – 2014.
En Ahuás, los casos de malaria se han incrementado en los últimos años. Una vez allí, es fácil ver por qué: Agua acumulada en los alrededores por las incesantes lluvias se encuentra por todas partes; basura y estiércol es desechada por cualquier lugar. De acuerdo con el recién elegido alcalde, Lucio Ordoñez Vaquedano, recientes proyectos de infraestructura trajeron algunos avances a la Comunidad, pero también dejaron una herencia indeseable: canales a las orillas de las calles que se han convertido en zonas de cría de mosquitos.
“La Comunidad carece de educación y comprensión. No pueden comprender la gravedad del problema que realmente vivimos, “dice Celio Aureliano, un técnico de salud ambiental, cuyo trabajo consiste en colaborar con la Comunidad y las autoridades locales para mejorar las condiciones en el área. Originario de Puerto Lempira, la ciudad más grande de La Mosquitia, Celeo ha estado trabajando en salud pública desde 1996. En una región donde sólo el 2% de la población habla español con fluidez, el dominio del idioma local Misquito por parte de Celeo hace la labor más fácil. El visita a miembros de la comunidad todos los días para asegurarse de que reciben el diagnóstico oportuno y los cuidados de seguimiento; su trabajo es asegurarse también de que los pobladores completen su tratamiento. Celeo forma parte de una Unidad de Salud de cuatro personas en Ahuás.
“Lo veo como un esfuerzo conjunto,” dice Lizeth Cartagena, un médico y jefe de la Unidad de Salud. “Debemos educar a nuestra comunidad y asegúrese de que entiendan el importante papel que cada uno de ellos juega en nuestra lucha para la erradicación de la malaria en esta región. Puede ser una tarea desalentadora, pero estamos comprometidos con ella,” explica.
“La gente aquí ha vivido con diferentes enfermedades por largo tiempo; ellos creen que enfermarse es sólo parte de la vida. Si me enfermo, voy a sentirme mal y sudar durante una semana, pero eso es todo; así parece ser la percepción local sobre la malaria, el dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos”, agrega Ordoñez, quien antes de ser elegido, fue uno de los líderes de la comunidad que participaron en la distribución de mosquiteros realizada por CHF Internacional-Honduras y la Secretaría de Salud en noviembre de 2009.
“Sé que a veces, si uno no está directamente afectado por la enfermedad, no es probable que se involucre en la causa, pero debemos cambiar esto. Necesitamos saber por qué hacemos esto y la importancia para nuestra comunidad como un todo,”, explica. “También es imprescindible saber cómo utilizar las herramientas que se nos dan”. Recuerda que cuando trajo por primera vez los mosquiteros a su casa, su esposa se quejó del fuerte olor. “Ella pensó que el insecticida era tóxico y que debían ser lavados con cloro. Pero yo sabía cómo usarlos,” añade.
“Es por eso que necesitamos educar a la Comunidad y asegurar que incluyen la protección que necesitan mediante el uso de los mosquiteros correctamente”, destaca José Ramón Valdez, técnico de malaria de CHF Internacional-Honduras, quien trabaja estrechamente con las autoridades nacionales, regionales y locales de Salud y de las diferentes comunidades de La Mosquitia, una región de bosques tropicales, aislado del resto del país debido al difícil acceso. “El insecticida es lo que hace una diferencia real”, insiste. CHF Internacional-Honduras y la Secretaría de Salud habían distribuido 3.000 mosquiteros, llegando a casi todos los hogares en Ahuás, el año pasado.
“Tuvimos que dar prioridad a los niños y niñas menores de cinco años y mujeres embarazadas, pero los estudios muestran que un mosquitero actúa como una barrera protectora que puede beneficiar a un hogar entero”, explica Valdez. “Con mosquiteros, diagnóstico oportuno y tratamiento efectivo, estamos en una posición mucho mejor para luchar contra la Malaria. Es también obligatorio mantener las zanjas y canales limpios en las calles, por lo que debemos colaborar estrechamente con el Gobierno local y las comunidades en diferentes niveles y orquestar un esfuerzo coordinado para erradicar esta enfermedad. “El Fondo Mundial ha jugado un papel importante en este gran esfuerzo de lucha contra la Malaria en el país”, puntualiza.
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